Asertividad en el trabajo: ¿cómo poner límites de forma sana?

Persona detiene un efecto domino.

Te proponemos un pequeño juego, un test: vamos a ponerte tres situaciones imaginarias. Tan solo tienes que leer y responder si te identificas o no con ellas. 

Primera escena. Hoy tienes un mal día: has tenido mucho trabajo, estás agotado y te sientes mal. Solo quieres tumbarte en el sofá y descansar. Pero un amigo te llama para que le hagas un favor y te pide que vayas hasta su casa, que te queda bastante lejos. A pesar de que sabes que necesitas descansar y cuidar de ti, no le dices que no. 

Segunda. Has quedado con una amiga y te vuelve a hacer lo mismo de siempre: estás esperándola hace media hora. Te enfada su impuntualidad y que ni siquiera te mande un mensaje para avisarte de que llegará tarde. Pero cuando ella llega no se lo dices, a pesar de que es algo que te molesta.

Tercera. Tu jefe, a pesar de saber que quedan pocos minutos para tu hora de salida, llega a tu oficina con una pila de informes y tareas que hacer. No solo es tu hora de salida, sino que además tienes que hacer algo de tu vida personal que es importante. Sin embargo, no le dices nada y no cumples con tus necesidades. Lo que te hace sentir triste y mal contigo mismo. 

Si has respondido que sí a estas situaciones y te identificas con ellas, hay un denominador común en las tres: no has expresado tus necesidades, no has compartido qué piensas al respecto y cómo te hacen sentir, a pesar de que sabes que necesitas hacerlo. 

Hay una solución para estos escenarios y tiene un nombre: asertividad.

¿Qué es la asertividad?

Es la habilidad y capacidad de comunicar y expresar tus necesidades, derechos, pensamientos y sentimientos de forma educada, amable y respetuosa. A veces, decir lo que se necesita o establecer límites se asocia a ser borde o a generar conflictos. Pero la realidad es que la asertividad nunca tiene que ver con la mala educación, la agresividad o las disputas. 

Puedes poner límites de forma saludable, explicando qué necesitas y qué sientes ante determinadas situaciones, sin gritar, ni perder los nervios. La asertividad te servirá para todas las áreas de tu vida: en situaciones familiares, con tu pareja y amigos y, también, en el trabajo.

Cómo te puede ayudar ser asertivo en el trabajo

 

  1. Ser consciente de tu valor y tus méritos. Ser asertivo es, sobre todo, respetarte: reconocer tu valor y lo que te mereces. Esto será positivo para tu autoestima y confianza y sabrás, por lo tanto, transmitirlo en el trabajo y conseguir que se respeten tus límites y tus méritos.
  2. Gestionar tus emociones. Te ayudará a no dejarte llevar por las emociones y los impulsos del momento y a no perder el control. Te permitirá identificar las emociones, pero no te dejarás arrastrar por ellas, lo que te ayudará a gestionar las situaciones que puedan surgir en el trabajo con regulación y autocontrol. 
  3. Solución de conflictos de forma sana. En la vida surgen situaciones incómodas y en la oficina también, pero la asertividad te permitirá buscar soluciones más sanas, inteligentes y creativas. Esto hará que tu resolución sea más efectiva y con unos resultados a largo plazo que tengan un impacto positivo, lejos de los gritos y las faltas de respeto.
  4. Mejor clima laboral y trabajo en equipo. Establecer límites claros de forma respetuosa impactará en el clima de la empresa y en tu forma de relacionarte con tu jefe y compañeros. Sabrán cómo tratarte y te respetarán más por ser una persona con las ideas claras, firme y educada a la vez.
Brújula sobre una mesa.

MBA

Diseñado para acelerar la transformación de profesionales o emprendedores con inquietud intelectual, ambición global y deseo de generar un impacto en el mundo.

Más información

6 tips para practicar la asertividad

Empieza poco a poco 

Si para ti establecer límites es algo nuevo y te cuesta decir que no o expresar lo que sientes, empieza a practicar al principio con pequeñas situaciones que no te generen tanta incomodidad. Puedes comenzar con alguien de tu entorno cercano, con quien tengas confianza. Te ponemos un ejemplo: una amiga te propone un plan al que no quieres ir. Prueba a practicar qué dirás y cómo. Puede ser un: “te agradezco mucho la invitación, pero hoy no me apetece porque estoy cansada. Te quiero, pero necesito tiempo para mí”. 

Practica con situaciones cotidianas del día a día, expresando tus emociones y tus necesidades, cuidando las formas y el tono. A medida que vayas entrenando la asertividad, puedes ir probando con personas o situaciones que te resulten más difíciles. 

¿Cuáles son tus límites?

Todos tenemos una serie de no negociables en nuestras vidas. Esas actitudes, detalles o situaciones que chocan contra nuestros valores y que son ese límite que no estamos dispuestos a que los demás crucen. Pueden ser la mentira, la falta de respeto, la impuntualidad, la irresponsabilidad. Te sugerimos que reflexiones sobre esto y que conozcas cuáles son tus límites. Si no los conoces, no podrás expresarlos, ni serán respetados por los demás. 

Empatía 

Ser empático y ponerte en el lugar del otro te ayudará a saber cómo dirigirte a esa persona.Si la persona a la que te diriges se siente escuchada y comprendida por tu parte, hará que sea más flexible y esté dispuesta a dialogar. Esto, a su vez, te ayudará a no caer en actitudes agresivas.

Expresa tus necesidades sin disculparte

Hay personas que se sienten incómodas a la hora de expresar sus necesidades, incluso egoístas. Por eso, practica el decir qué necesitas y qué sientes sin pedir perdón por ello, cuidando de tu lenguaje corporal y el tono en que te expresas. 

Apuesta por ser directo y sencillo 

A veces, por miedo o por vergüenza, puedes enroscarte en justificaciones. En la asertividad menos, es más: explica qué necesitas y qué deseas de forma clara, para que tu interlocutor te comprenda. Como decíamos antes, siempre teniendo en cuenta que ser sincero y directo es compatible con ser educado y amable. 

Habla en primera persona

Para explicar esto volvamos a una de las tres situaciones que te planteamos al principio. En el tercer caso, en vez de decirle “por qué me haces esto, no tienes ni idea del día que he tenido hoy y lo cansado que estoy y quedan pocos minutos para que termine mi jornada laboral”, habla en primera persona. 

Puedes decirle: “hoy estoy agotado y además tengo algo personal importante que hacer en cuanto termine mi horario. Entiendo que necesites que realice estas tareas, pero hoy no va a ser posible. Mañana lo haré”. De esta forma no estarás en una actitud de reproche que se pueda tomar a personal, y a la vez estás siendo claro con tus necesidades y tus posibilidades actuales. 

Contenido Relacionado

Salir de la versión móvil